domingo, 15 de marzo de 2015

"La muerte jala mis oídos y dice: Vive; estoy llegando." Oliver Wendell

- Con todo eso te hago saber, hermano Panza -Replicó Don Quijote-, que no hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor que la muerte no le consuma.
 Don Quijote nos está hablando de esa tercera vida tan admirada en literatura, la del recuerdo que dejamos en las mentes de los que se quedan atrás cuando morimos. Él en este caso la desmiente, diciendo que esa vida no es real, que siempre acabará con el paso del tiempo, al igual que el dolor termina cuando nos morimos, cuando descansamos.
En cierto modo tiene razón, sólo te recordarán tal y como fuiste aquellos que te conocieron en vida; sólo ellos recordarán tus gustos y tus pequeñas manías. Puede que tus actos o logros los conozca mucha gente como ocurre con aquellos hombres que estudiamos en los libros de historia, pero de ninguno sabemos más que lo que ahí nos cuentan, y ¿a eso se le puede llamar conocer?
Don Quijote en cierto modo se contradice en esta frase pues su objetivo al hacerse caballero es que todo el mundo conozca y proclame su nombre como él hace con todos los caballeros sobre los que ha leído, aunque ahora mismo nos hace ver que eso no durará para siempre.
¿No os parece un poco triste dedicar toda la ilusión de tu vida a algo que sabes que no durará mucho?
Todo el mundo teme a la muerte, es algo que no conocemos y que aquellos que la han experimentado no nos pueden contar, y por eso todos la enfrentamos o luchamos contra ella de alguna forma, o bien intentando hacer historia como nuestro querido hidalgo, bien con la religión o simplemente intentando disfrutar la vida al máximo (tempus fugit).
Alonso simplemente le da sentido a su vida a través de la caballería, aún sabiendo que le costará muchos golpes, palizas e incomodidades al no tener un techo bajo el que dormir durante sus viajes, y que no tiene la victoria asegurada, pero siempre mantiene viva la esperanza para arremeter con el mismo entusiasmo contra un nuevo enemigo sin importar cuantas derrotas cargue a la espalda.
En cierto modo es un ejemplo a seguir en nuestras vidas, para no perder nunca la ilusión e intentar otra vez más aquello en lo que hemos fracasado anteriormente, porque si a la tercera no va la vencida, siempre puede llegar a la cuarta.

Alba Cebrián.